Entendemos por Menopausia a aquel período del ciclo vital de la mujer caracterizado por el cese de las menstruaciones (más precisamente se inicia luego de haber pasado un año del último período) y que coincide con una merma de la actividad hormonal. La edad de comienzo se sitúa generalmente entre los 45 y 52 años, aunque existen algunas excepciones. Como todos saben, el cese de la actividad hormonal no ocurre en forma repentina sino que es antecedido por una serie de síntomas y trastornos premonitorios conocidos como Climaterio, entre los que destacan alteraciones de la menstruación (alargamiento o acortamiento de los períodos), disminución de la libido, edemas, alteraciones emocionales, etc.

La llegada de la menopausia debe entenderse como una nueva etapa en la vida de la mujer y no como una antesala de la senectud. Tampoco es una enfermedad, como suelen apuntar algunos laboratorios productores de hormonas. En definitiva, podemos definir la menopausia como una etapa de madurez afectiva e intelectual, en donde acontece una merma normal en la producción hormonal de estrógenos, y en donde la experiencia acumulada en la vida se constituye en el principal tesoro de este nuevo ciclo. Incluso en muchas ocasiones, las mujeres que transitan por ella resultan más interesantes y tienen otros atractivos que las hacen sentir igualmente espléndidas.

Sin embargo, la aparición de algunos síntomas nuevos debe tomarse como parte de este cambio y no como señales de declinación. Uno de los síntomas clásicos suelen ser los calores o sofocos, que expresan esa alteración hormonal latente y normal de esta etapa.
Simultáneamente pueden aparecer estados depresivos pasajeros, cefaleas o jaquecas, dolores articulares, pérdida mayor de calcio en los huesos, sequedad cutánea y vaginal, mayor fragilidad capilar, retención de líquido y tendencia al aumento de peso.

Lógicamente si no se toman cartas en el asunto, dichos síntomas expresivos de esta trasformación, pueden resultar molestos e incluso instalarse, lo cual aquí sí le daría un carácter o entidad de “patología” a quien los padece. Sin embargo, la fuerza vital con la cual se debe encarar esta etapa de la vida, debe prevalecer y sobreponerse ante cualquier contingencia. No olvidarse que la menopausia expresa una situación de cambio y no (como ya fuera dicho) una enfermedad. Claro está que para poder enfrentar mejor este cambio, la actitud mental positiva podrá acompañarse con algunos productos que logren suavizar o atenuar todo ese cortejo sintomatológico molesto.

Generalmente los ginecólogos suelen recomendar a sus pacientes la toma de estrógenos sintéticos, entendiéndose que gran parte de estos cambios obedecen a la falta de respuesta hormonal a esta edad. Para ellos, la lógica indica que si el organismo no fabrica más estrógenos, habrá que administrarlos por alguna vía alternativa para continuar manteniendo la actividad hormonal de la mujer. ¿Los resultados? Indudablemente las mujeres que reciben hormonoterapia por vía oral o inyectable experimentan mejorías subjetivas del estado de ánimo, con reducción del nivel de descalcificación y atenuación de los sofocos. Sin embargo, todo esto no es gratuito. En muchas ocasiones, y en especial con tratamientos muy prolongados, esos beneficios son ensombrecidos con la aparición de hipertensión arterial, várices, incremento de peso, mayor caída de pelo, trastornos hepáticos y, lo más grave, aparición de tumores hormonodependientes.

Ante esta disyuntiva el médico deberá evaluar costo/beneficio de dicha terapia. Muchos ginecólogos insisten en relativizar estos peligros aduciendo que el porcentaje en que se presentan es muy bajo. Sin embargo, para la paciente que le aparece un tumor de útero o de mama por la terapia hormonal, el porcentaje es del 100%. ¿Cómo le explicamos a ella que estadísticamente la probabilidad era muy baja? ¿Cómo le hacemos entender que si ella no recibía dicha terapia muy probablemente no le hubiera pasado nada?. Todos estos interrogantes surgen ante hechos consumados donde poco ya se puede hacer.

Los médicos debemos recordar que hicimos un juramento Hipocrático, en el que uno de sus principales aforismos decía: Primum non nocere (lo primero es no dañar). En segunda instancia debemos pensar en las leyes naturales de nuestra existencia. Si en algún momento de la vida, el organismo deja de fabricar hormonas, por algo es. ¿Porqué ir entonces en contra de la naturaleza e introducir hormonas fuera de tiempo e intempestivamente? Desde antiguo, el hombre supo interpretar el mensaje de la naturaleza a través del legado de las plantas. Ellas no solo están para darle vida y colorid a nuestro entorno, sino también para darnos alimento y medicamentos.

Entre los abordajes naturales, sin lugar a dudas los fitoestrógenos cuentan con una gran cantidad de evidencia favorable en el control de síntomas menopáusicos, sin los efectos adversos de la terapia hormonal sintética. Entre estas especies podemos mencionar las isoflavonas de soja, cimicífuga, trébol rojo, alfalfa, entre las más importantes. También merecen destacarse otras especies que trabajan por mecanismos diferentes a los fitoestrógenos, atles como angélica china, hipérico, maca, salvia, etc.

Las dosis a emplear, tipos de extractos, tiempos de toma para cada uno de ellos, deberá ser consensuado con un profesional de la salud. Además, estos productos cuentan con un plus de beneficios ya que han demostrado reducir la incidencia de cáncer de colon, reducir el proceso de descalcificación, y los niveles de lípidos elevados. La posibilidad que nos brinda la ciencia en incorporar estas plantas a través de suplementos dietarios, tinturas o fitomedicamentos, hace que de una manera práctica y sencilla la mujer pueda incorporarlos dentro de su rutina diaria.

La parte cosmética también representa un desafío interesante a abordar en esta etapa.
Serán muy útiles algunos antioxidantes para atenuar las líneas de expresión facial, que puedan tornarse más adelante en arrugas: por ejemplo la coenzima Q-10, el resveratrol, suplementos de colágeno, etc. En cuanto a la mayor fragilidad capilar que acompaña esta etapa, también son útiles los productos naturales, tales como la combinación de jarilla + café (descafeinado) en shampúes, atomizadores, lociones, como así también algunos aminoácidos y el manejo del estrés.

Para finalizar, es preciso que las mujeres que transitan esta etapa de la vida estén informadas que existen tratamientos alternativos a los productos hormonales de síntesis.
Estas alternativas indudablemente brindan no solo seguridad, sino también eficacia a la hora de incorporarlos. Paralelamente se recomienda realizar una dieta de tipo ovolacto-vegetariana, actividades recreativas y físicas que indudablemente le aportan un beneficio extra de indudable valor, que el cuerpo y la mente le agradecerán eternamente.

Por el Dr. Jorge R. Alonso

* Médico. Prof. Docente en la Facultad de Medicina de la UBA en los cursos de “Fitofármacos en la Clínica Diaria”, “Fitodermatología Estética”, “Nutrición Ortomolecular”, “Alimentos Funcionales y Nutracéuticos” y “Medicina Indígena Americana”. Presidente de la Sociedad Latinoamericana de Fitomedicina.