Introducción


La palabra estrés deriva del vocablo inglés stress, que significa tensión, fuerza, compulsión.
Fue ideada por el Prof. Hans Seyle, célebre fisiólogo canadiense quien la definió como un Síndrome General de Adaptación, es decir, como una respuesta fisiológica (normal) del organismo ante una situación no programada. La reacción depende de cada persona (respuesta individual) ya que una misma situación de estrés causa reacciones diferentes en cada sujeto: mientras a unos les puede generar una reacción nerviosa tensional, a otros les puede generar placer.
Para la medicina convencional, la palabra estrés es utilizada para referirse a los procesos físico-químicos o emocionales que pueden desencadenar una enfermedad. El estilo de vida actual, con su mayor exigencia y su alta competitividad, ha incrementado a tal punto los factores desencadenantes, que la palabra estrés ya es moneda corriente en el cotidiano lenguaje. La respuesta al estrés también depende de la edad de la persona.
Estudios recientes indican que una persona de 70 años presenta una tolerancia menor al estrés de casi el 50% respecto a un sujeto de 40 años, lo cual seguramente tendrá sus consecuencias en el organismo.
Existen dos tipos de estrés: el euestrés (conocido como buen estrés) y el distrés (conocido como mal estrés). El euestrés es realmente necesario para el organismo ya que actúa como motor para un correcto funcionamiento del mismo. Es además un elemento motivacional para que proyectemos y elaboremos planes de vida. En cambio cuando la situación estresante se prolonga en el tiempo, o lo que hemos planeado no se resuelve, se transforma en distrés, el cual resulta ser negativo para el individuo. Los factores que acusan estrés pueden ser de orden físico, psíquico, emocional, sociocultural, comportamental o económico. Para un buen diagnóstico es necesario:

  • Conocer los mecanismos o situaciones que desencadenan los estados de estrés.
  • Tomar conciencia de los riesgos que pueden generar para la salud, si dichos estados se presentan con demasiada frecuencia o se transforman en crónicos.
  • Reflexionar y utilizar la información acerca de cómo podemos asumir y recuperar el control de la realidad, para mejorar nuestra calidad de vida.


EL SISTEMA NEVIOSO

Frases tan conocidas como: "estoy nervioso", "tengo los nervios de punta", "estoy al borde de un ataque de nervios", son en realidad sustitutos de la palabra estrés. El sistema nervioso recordamos se divide en dos partes: el sistema nervioso sensorio-motor (o voluntario), el cual rige músculos y órganos de los sentidos; y el sistema nervioso autónomo o vegetativo, que regula nuestros sistemas orgánicos internos (respiratorio, digestivo, hormonal, cardiocirculatorio, etc.).
Al primero lo podemos hacer actuar desde la voluntad consciente, para tensar o relajar, movernos o estar en reposo. En cambio el vegetativo funciona independientemente de nuestra voluntad y es el responsable de controlar nuestras acciones frente al estrés. Este último sistema se subdivide, a su vez, en los sistemas simpático y parasimpático, dependiendo nuestra salud y bienestar del equilibrio de ambos. El sistema simpático crea estímulos en el cuerpo para prepararlo para la acción (acelera el corazón y hace que el hígado libere energía en forma de nutrientes para que los músculos lo aprovechen). Gran parte de este accionar es debido a la hormona adrenalina, segregada por la glándula suprarrenal, siendo la responsable de todos los acontecimientos que se desarrollan en situaciones de estrés. El sistema parasimpático es todo lo contrario, prepara el cuerpo para el reposo (enlentece el corazón, y hace que el hígado acumule energía y nutrientes).
Ante un agente estresante es posible observar diferentes fases:

  • Fase de alarma: Prepara el cuerpo para la acción (sistema simpático).
  • Fase de adaptación: Reequilibra el cuerpo hacia la relajación o reposo (sistema parasimpático).
  • Fase de fatiga: Cuando persiste el estímulo, el organismo no logra recuperarse, haciendo que el cuerpo agote su combustible. De ahí que aparezca el cansancio y la fatiga física y mental, debiendo trabajar cada vez más para realizar la misma tarea. Ello origina el estrés crónico, propicio para el inicio de la enfermedad.


Enfermedades y Síntomas del Estrés

  • Hipertensión: Puede sobrecargar el funcionamiento de los riñones y generar accidentes cerebrovasculares.
  • Úlceras de estómago: Se produce un aumento de la secreción de ácido clorhídrico y un aumento de la sensibilidad de las paredes del estómago, causando náuseas y dolor.
  • Anorexia nerviosa: Es muy común en el adolescente y se caracteriza por la negativa a comer, sumado a la distorsión estético-corporal.
  • Colitis ulcerosa y enteritis: Consiste en la inflamación del colon, que puede llevar a la cronicidad del proceso.
  • Asma: Producido por problemas emocionales.
  • Trastornos de piel: Eczema, sarpullido, etc.
  • Trastornos capilares: Fragilidad y caída del cabello.
  • Trastornos anímicos severos: Ansiedad, depresión, irritabilidad, insomnio, etc.
  • Disminución de la actividad del sistema inmunitario: Frecuentes resfríos, facilidad para el contagio de patologías del tracto orofaríngeo-respiratorio, tanto de virus como de bacterias. Tambioén puede ser el disparador de una enfrmedad autoinmune (tiroiditis, artritis reumatoidea, Sdre. Del ojo seco, lupus, etc.).
  • Mayor generación de sustancias llamadas radicales libres u oxidantes: facilidad para las enfermedades degenerativas (cáncer, artrosis, arteriosclerosis, etc.)

Señales de Tensión Premonitorias:

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Cómo evaluar el estrés ante diferentes acontecimientos de la vida diaria?
De acuerdo a la escala que se acompaña a continuación, si se acumula más de 300 puntos al año, aumenta el riesgo de tener alguna enfermedad. Con menos de 150 la posibilidad es casi nula.



Abordaje del estrés


Como siempre sostenemos, no hay soluciones mágicas, sino soluciones médicas. Los cambios en el estilo de vida, proporcionan una de las herramientas más importantes para combatir el estrés.
Mejorar la dieta, nuestra conexión corporal, evitar el conflicto innecesario, y no quedarnos en las anclas que clavan nuestra vida en situaciones del pasado, y que evitan que la nave zarpe.
Es importante aprender a ser más flexibles y menos rigurosos en nuestro quehacer diario.
Aprender a ser más reflexivos que reactivos. Esos 3-4 segundos antes de una reacción intempestiva, pueden volcar decididamente una situación a nuestro favor. Comprender nuestras limitaciones, sabiendo que podemos aprender del fracaso, y también dudar de las mieles del éxito fácil. Es fundamental valorar lo que tenemos y no lo que nos falta. Mejorar nuestra autoestima, estar comprometidos con nuestras acciones e ideales, poner en práctica el verbo amar y cuando la circunstancia lo requiera, pedir ayuda a un amigo o profesional.
Dedicar más tiempo a conocernos a nosotros mismos, averiguar en nuestras introspecciones cuáles son realmente nuestras necesidades y nuestros deseos, y darnos nuevas oportunidades ante cualquier fracaso (sea laboral, profesional o afectivo). Todo ello constituye herramientas insuperables frente al estrés.
Entre los aportes que nos brindan otras ciencias debemos destacar el Yoga (brinda una mejor respiración y una relajación psicofísica importante), la Meditación (uno de los pilares de ciencias médicas orientales), el Masaje, la Aromaterapia (el empleo de aceites esenciales como los de vetiver, neroli, albahaca, romero, geranio, etc; ya sea por vía inhalatoria o en forma de masajes), la Nutrición (evitando el exceso del consumo de azúcares y harinas refinados, alcohol, grasas, café, etc.), los Suplementos Dietarios (el empleo de minerales y vitaminas antioxidantes), la Balneoterapia (los beneficios de las aguas termales), y las Plantas Medicinales, las cuales pueden colaborar enormemente en mejorar síntomas asociados al estrés (valeriana y lúpulo para manejar el insomnio; hipérico para el manejo de síntomas depresivos; melisa y naranjo amargo para control de la ansiedad, etc.) o en aplicación externa ya sea para masajes (algunos aceites esenciales como lavanda, vetiver), en aplicación tópica para la fragilidad capilar (jarilla y café), etc.

Por el Dr. Jorge R. Alonso

* Médico. Prof. Docente en la Facultad de Medicina de la UBA en los cursos de “Fitofármacos en la Clínica Diaria”, “Fitodermatología Estética”, “Nutrición Ortomolecular”, “Alimentos Funcionales y Nutracéuticos” y “Medicina Indígena Americana”. Presidente de la Sociedad Latinoamericana de Fitomedicina.